El 2012, cuando empecé a colaborar en un suplemento de un diario local, el recordado editor Jaime Guzmán Aranda me aseguró emocionado en una entrevista que el escritor chimbotano Fernando Cueto, quien en aquel entonces recién había ganado el Premio Copé Oro de Novela, triunfaría dentro de muy poco a nivel latinoamericano. Vaya que no se equivocó, porque actualmente aquel novelista -que paseaba con saco y corbata por los pasillos del Poder Judicial- ha recorrido varios países del mundo dando conferencias de literatura y participando en ferias internacionales del libro. Hoy en día es el escritor peruano que está tomando vuelo y se perfila como el más constante creador de la literatura nacional de su generación, el que dejará, indudablemente, a Chimbote en la cima de las letras peruanas.
Entrevista y fotos: Viscely Zarzosa
- Usted es el gran novelista de Chimbote, pero lo que muchos no saben es que se inició en la poesía con las publicaciones “Labra palabra” y “Raro oficio”. ¿Cree que fue determinante su inicio como poeta para que sea el narrador que hoy es?
- Claro. Pienso que en mi narración siempre tengo un vuelo poético, pero creo que todo narrador debe trasformar la realidad real en realidad novelística, es decir, una realidad ficcional. Y el medio para transformar esa realidad es el don poético. El novelista es casi como un “demiurgo”, un ser que está llamado para transformar la realidad, a cambiarla y ofrecer un producto nuevo, una creación nueva. Y ese medio para hacerlo —como te lo vuelvo a repetir— es el don poético. Por eso por más que haya personas que escriban, que tengan cierto rigor o conocimiento de la ortografía y sintaxis, muchas veces no alcanzan sus vuelos poéticos en la narración porque simplemente trasladan la realidad tal como es a los libros y se olvidan del gran aporte de la ficción, de la fabulación, que se logra justamente a través del don poético.
- Entonces sí fue un acierto iniciar como poeta y luego incursionar en la narrativa…
- Yo creo que es una herramienta para transformar la realidad real, lo que pasa es que cuando una persona siente que escribe poesía no lo deja nunca, pues siente que ha nacido para hacer poesía. Yo sigo escribiendo poesía, lo que pasa ahora es que es difícil publicar porque los editores quieren publicar mis novelas, pero tengo mucha poesía inédita. Tengo como cuatro, cinco poemarios inéditos y mucha poesía suelta. Pienso que de alguna manera el escritor se puede ir haciendo poco a poco, es un trabajo más riguroso, que tiene muchos años, es un oficio, pero la poesía es una gracia, es un don. Lo tienes con el nacimiento o no lo consigues nunca. Pero si se puede hacer una simbiosis de algo, sirve mucho para que la novela tenga ese don de transformar la realidad.
- ¿Se puede decir que en su libro “Ese camino existe” muestra una prosa poética y eso se refleja en la construcción de sus monólogos interiores?
- Lo de “prosa poética” a mí como a Miguel Gutiérrez no nos cuadra mucho, porque la prosa poética es algo forzado, que trata de dar cierta sonoridad a las frases y párrafos. Yo pienso que más que prosa poética, es una forma de buscar una expresión lírica y darle una connotación de belleza a lo que uno escribe.
- Hay construcción de imágenes…
- La construcción de imágenes es algo que viene de la poesía. Cuando un narrador logra transmitir imágenes en lo que escribe es porque está haciendo uso de algo que es inherente a la poesía. La poesía transmite imágenes y sensaciones. La poesía no necesariamente debe tener lógica ni invitar a la racionalidad. Es un vehículo para generar imágenes y sensaciones. Entonces, en la medida que logro eso en mi narrativa es porque estoy haciendo uso de mi don poético.
- Con la novela que le mencioné obtuvo el Premio Copé Internacional 2011, ahora que han pasado 5 años, ¿qué sensación le causa?, ¿cree que sigue siendo el mejor libro hasta el momento de su trayectoria literaria?
- Digamos que me hizo conocer un poco, pero no creo que sea mi mejor libro. Siempre digo que mis mejores libros son los que estoy escribiendo, pero para mí en cuanto a la construcción, a las imágenes, a las voces, a las riquezas léxicas, podría decir que mi mejor novela es “El diluvio de Rosaura Albina”. Me imagino que para algunos les parece muy difícil la lectura, pero para otras personas les gusta mucho. Particularmente, he sentido mayor goce estético escribiendo “El diluvio de Rosaura Albina” que “Ese camino existe”.
- Si se presentara la oportunidad de volver a escribirla, ¿qué agregaría, quitaría o la dejaría tal cual?
- No. Yo no soy partidario de corregir las novelas. Las novelas salieron una vez como son y así tienen que seguir, porque los libros son de alguna manera huellas que uno va dejando en el camino y a través de ellos los lectores pueden hacer una reconstrucción de cómo el escritor va evolucionando, cómo va adquiriendo nuevas destrezas. Son casi como una "ayuda memoria" y sirven para que a través de ellos sepan la manera en qué hemos venido mejorando o empeorando, pero es una pista de lo que nosotros somos.
- Siempre ha quedado sorprendido con el universo narrativo de José María Arguedas —sobre todo con su libro “El zorro de arriba y el zorro de abajo” —, pero esta novela ("Ese camino existe") se nutre con historias de la violencia política y, sobre todo, está ambientada en Ayacucho…
- Los grandes novelistas que empezaron con este género en el Perú fueron Ciro Alegría y José María Arguedas. Me parece que la piedra inicial de todo esto es “El mundo es ancho y ajeno”, pero entre Arguedas y Ciro Alegría hay una diferencia, porque me parece que Ciro Alegría ve el mundo andino con los ojos de un cosmopolita; en cambio, Arguedas escribe desde adentro y nos descubrió el Perú profundo, pues era un antropólogo, una persona que estudiaba a las comunidades. Me parece que rescató ante los ojos de los críticos literarios, sobre todo de Lima, un Perú que estaba soterrado, oculto. Y no solo a través de la literatura, sino también a través de la música, el arte, las danzas. Pero Arguedas tenía serias limitaciones estilísticas y de construcción de sus novelas. Pues ha sido un escritor muy empírico, intuitivo. Y la gran modernidad en la literatura del Perú ha venido con escritores de la generación del 50, que han sido la base para que después surgen escritores como Mario Vargas Llosa, Alfredo Bryce Echenique o Julio Ramón Ribeyro. Yo creo que lo único que he hecho es nutrirme de todos ellos, de toda una tradición literaria; aunque, ahora haya nuevos escritores que no quieran reconocer eso o que nos les interese nutrirse de esas raíces, pero nosotros sí tenemos una tradición literaria y tenemos los basamentos para una literatura peruana. Entonces de eso yo me nutro e incluso de escritores anteriores de ellos como Ricardo Palma, Gonzáles Prada. Para mí todos ellos son forjadores de la literatura peruana, desde el Inca Garcilaso de la Vega hasta los de nuestros días. Tenemos una rica y prolífica literatura, y ahí yo busco mis temas, mis raíces, mis estilos. Lógicamente yo leo literatura de todas las partes del mundo, pero me considero sobre todo un narrador peruano y un narrador peruano popular, que es distinto de famoso. Un narrador peruano que trata de hundir sus raíces en el pueblo, en las comunidades y de ahí yo rescato mis historias.
- ¿Por qué un hombre de leyes se dedicó a la literatura? En 1997, Hugo Vargas Tello escribe de usted: “Son raros los abogados que perturban `La Paz´ de su existencia profesional con los duendes irreprimibles de un infierno celestial”. En aquel entonces usted era un joven desconocido, sin biografía, que recién iba a publicar su primer libro…
- Yo le agradezco mucho esas palabras a Hugo Vargas, que en paz descanse. Fue el primer amigo en Chimbote que yo encontré y le gustaban los libros. Y él me presentó a Jaime Guzmán. Yo llegué acá en Chimbote el año 92 y era casi muy triste porque no habían personas que les gustaban los libros o que estén interesadas en la literatura hasta que descubrí a Hugo Vargas. Las tertulias que teníamos eran de a dos, nos reuníamos en las tardes, conversábamos de libros y no habían más personas hasta que Hugo Vargas tuvo la idea de presentarme a Jaime Guzmán. Y, bueno, lo que dice él respecto a los abogados no es tan cierto, pues son muchísimos, miles de abogados entregados a la literatura, acá en el Perú y en muchas partes del mundo. Yo no creo que una persona que ha nacido para escribir deje de hacerlo porque realiza tal oficio. Cuando una persona está compulsada para escribir lo hace así tenga el mejor o más miserable de los oficios, así esté en lo mejor de los estados o en el peor de las situaciones, a punto de morir encarcelado, en la miseria, así sea un vago. El que ha nacido para escribir va a escribir. Y una persona, por el hecho de ser abogado, médico o ingeniero, no tiene ningún impedimento, porque yo no creo que el ser humano sea una persona de una sola dimensión. El ser humano es multidimensional y puede hacer muchísimas cosas a la vez. Entonces eso de que vas a un juicio y luego vas a escribir una historia, no comparto eso; al contrario, la literatura se nutre de las experiencias diversas que tiene el ser humano. Y muchas historias que he trasladado a los libros las he aprendido en los pasillos judiciales, procesos. No encuentro ningún impedimento para una persona que ha nacido para escribir.
- ¿A qué autores le recomendaría leer a un joven que aspira a ser escritor?
- Yo no creo que deba recomendar mucho, pero no creo en las modas. No creo en los escritores de última hora que marcan una tendencia pasajera, y los chicos de un momento a otro quieren escribir como tal persona. Yo lo que puedo recomendar a los jóvenes, sí, es que lean de todo y, sobre todo, que busquen su propio estilo, porque si les digo que lean a Bolaño, todos van a querer escribir como él o que lean a Vargas Llosa o García Márquez y todos van a querer escribir como ellos. El escritor debe ser una persona ecléctica, que tome lo mejor que considere los demás y que con eso busque su propio estilo. Hay muchos escritores franceses, españoles, ingleses que salen y escriben. Hay un escritor que escribe sobre la segunda guerra mundial y es casi un ícono de los jóvenes, pero creo que va a pasar de moda muy rápido.
- ¿Cree que el mejor inicio es empezar escribiendo cuentos o relatos que novelas?
- No. Eso depende del aliento del escritor. Por ejemplo, el que escribe novelas es como un fondista, una persona que corre maratones y el que escribe cuentos es un corredor de cien metros planos. Uno no es mejor que el otro ni la disciplina es mejor que otra. Uno puede ser bueno tanto en uno como en el otro. Y es cuestión de aliento, de predisposición. Yo empecé escribiendo cuentos, ahora los estoy haciendo ya después de muchos años y me parecen muy difíciles. No van con mi aliento, con mi predisposición. A mí me gusta hacer historias largas y son como engranajes de microhistorias y las voy hilvanando e hilvanando y voy armando historias más grandes. Entonces quizás esas historias pequeñas podrían ser cada una un cuento.
- Lleva seis novelas publicadas, ¿se animará en algún momento a publicar un libro de cuentos o relatos?
- Yo tengo una colección de cuentos que son como diez o quince. Uno es de cuentos sueltos que tiene temáticas variadas y estoy haciendo una que tenga relación entre los personajes, los espacios y el tiempo. Y, bueno…no sé, algunos me gustan más que otros, pero algunos amigos que los han leído les gustan. Y bueno, a mí en realidad…no me gustan mucho, porque he leído a grandes cuentistas y creo que no doy la talla a comparación de ellos.
- ¿Se siente forzado cuando escribe cuentos?
- Lo que pasa es que yo incorporo las historias en mis novelas, pero tengo muchas historias sueltas que me faltaría el tiempo más adelante para buscarles un espacio en mis novelas. Entonces, esas historias sueltas trato de que sean independientes. No quisiera que esas historias se pierdan. Además, el cuento tiene la ventaja de ir moldeando, agregando cosas, perfilando, cortando.
- ¿Llegarían a ver la luz en un libro publicado?
- Si alguien quiere publicar mis cuentos, yo se los daría y si es tan valiente de publicarlos…
- ¿Por qué valiente?
- No sé, valiente de querer arriesgar su dinero (risas).
- Eso quiere decir que no cree en sus cuentos…
- Creo un poco menos que en mis novelas. Lo que pasa es que mis novelas tienen que gustarme a mí primero, conforme voy avanzando las releo y yo tengo que sentir un goce estético, una satisfacción antes que los demás. Si hay pasajes que no me gustan o no me cuadran, los doy vueltas, vueltas y vueltas hasta que busquen cierta redondez. En eso trabajo a diario con mis historias, pero en algún momento cierro eso y avanzo. En cambio, con los cuentos no me pasa eso, siempre que los leo y leo y siento que algo falta. Nunca acaban de ser perfectos a mí gusto. También he leído a grandísimos cuentistas como Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, William Faulkner...
- A propósito de Jorge Luis Borges, él siempre detestaba el género de la novela, pues decía que está lleno de ripio, hay mucho de inservible y que incluso intervenían las opiniones del autor…
- Bueno, hay muchas novelas que tienen mucho ripio, pero en cuanto a las opiniones del autor era un tiempo que se escribía así. La novela, por ejemplo, de Víctor Hugo, que en cualquier momento el autor irrumpía y daba largas explicaciones sobre los castillos, los caminos, las batallas. Creo que ahora eso ya se suprimió. Ahora el autor es invisible…
- Digamos que marcó una época…
- Sí, era una época, pero siempre va a haber ripio en las novelas. No todo lo que a un novelista le satisface al momento de escribir le va a gustar al lector. Eso es inevitable…
- Eso también explica que Borges era un escritor de poesía y cuentos, pero no de novelas.
- Me parece que Borges no tenía el aliento para escribir historias muy largas. Borges era un obsesionado por la ficción y el misterio. No veo a Borges haciendo otro tipo de cuentos. Yo, particularmente, prefiero a Onetti, que tiene otros manejos de técnicas y estilo. Es un escritor que introduce la modernidad al cuento. Borges más bien parece un escritor del siglo antepasado
- Entonces, ¿qué es la novela para Fernando Cueto?
- Es un género que me permite ejercer plenamente mi libertad. La novela me permite fabular, “ficcionar” y también me permite librarme de todas esas ataduras que me da el mundo real. Siento que tengo un poder que no lo tengo como un ser humano común y corriente que soy. Sufro una transformación y me convierto en un pequeño dios o tirano que puede crear un mundo paralelo y que quizás va a durar más que el mundo que voy a vivir. Y puedo crear personajes que tal vez vivan más de lo que yo también voy a vivir. Quizás cuando yo muera a alguien le interese leer mis libros y ahí va a estar el mundo que yo creé, personajes que inventé. De alguna manera, me permite transcender y crear y suprimir, porque yo les pongo fin a mis personajes o que quizás termine de un solo tajo el mundo que voy creando, pero sobre todo, me da la posibilidad de imaginar, expandir un mundo que es muy constreñido y pequeño, de darle alas y ampliarlo, hasta quizás astronómica. Me hace volar, viajar por lugares que quizá en la vida real no llegue o no alcance a conocer nunca. Pienso que como lector, que soy, aprendí a volar e imaginar en las lecturas, pero es a través de la escritura que esa imaginación y esos vuelos alcanzan niveles más grandes, casi siderales. Cuando escribo, esa imaginación se vuelve vertiginosa, frondosa, casi imparable.
- Ha dicho en muchas ocasiones que “las historias siempre lo buscan”, ¿no tiene miedo que llegue el momento en que esas historias dejarán de buscarlo?
- No lo creo, porque soy una persona que vive en el caldo de cultivo de las historias que es la raíz misma del pueblo. Pienso que soy un escritor que se nutre de la peruanidad. Recojo mis historias del Perú y escribo para el Perú. Y una nación, un país, es un lecho inmenso de historias. Mientas viva enraizado a esa comunidad, a esa forma de sentir el Perú, nunca voy a dejar de tener historias
- En ese sentido, ¿cree que Chimbote es una caja escondida de historias extraordinarias?
- Por supuesto, como cualquier pueblo. Las historias están en los pueblos, en las esquinas, a la vuelta de las bocacalles. Las historias están dentro de nosotros mismos, pero nuestras propias historias son muy truncas y endebles. Las historias populares son las más ricas. Yo no tengo miedo de que la gente me diga: “Este tipo es folklórico, escribe como la gente del siglo pasado”. No me interesa. Yo escribo como yo siento que debo escribir, de acuerdo a lo que me he nutrido y a lo que debo expresar. Cuando yo digo que trato de escribir como peruano, la gente se ríe, pero yo estoy engullido de esa peruanidad. Y trato de que cuando alguien lea mis libros en el extranjero digan “ah, este autor es del Perú", "esta historia es peruana", "este libro es peruano”. Y eso me satisface a mí más que recibir cualquier premio.
- “Ese camino existe” se lo dedica a Oswaldo Reynoso, que por cierto en varias entrevistas ha dicho que uno de los grandes escritores peruanos se encuentra en Chimbote y se llama Fernando Cueto…
- Oswaldo fue el primer amigo que yo tuve en el mundo de la literatura. Yo llegué a Lima en el año 82 porque quería estudiar Filosofía, pero me desencanté porque los amigos y familiares me aseguraban que me iba a morir de hambre en el futuro, pero nunca dejé de leer libros de filosofía; más que libros de literatura, leo libros de filosofía. Soy un fanático de la filosofía, incluso los leo como libros de historietas. En mis primeros años en Lima solía ir detrás de los escritores, tenía mucha admiración por ellos. Me iba al Palermo, Quilca, Queirolo, Cordano, y siempre con algunos amigos jóvenes, que tenían 19 o 20 años, estábamos detrás de ellos y los veíamos casi inalcanzables. Lo único que hacíamos era sentarnos en la mesa y solo escuchar atentamente en silencio lo que ellos hablaban. Y un día de esos terminé tomando con Oswaldo Reynoso, Washington Delgado y Alejandro Romualdo, pero hice amistad con Oswaldo que me iba introduciendo a este mundo de los escritores y muchos de ellos llegaron a ser mis amigos y, luego, conocí a Miguel Gutiérrez. Eran personas que representaban lo mejor que teníamos en la literatura. Aparte de eso, para mí los libros de Oswaldo fueron como tener un maestro a lado, pues me he nutrido mucho de su literatura y considero que es un creador por antonomasia, es el gran creador de la literatura del Perú, es un escritor lírico, una persona que no escribe haciendo organigramas ni ayudas memorias, es una persona que expande lo que tiene por dentro, su fuerza poética. Y es un creador que nunca ha abandonado sus formas de pensar, crear y ver la literatura. Nunca se ha dejado corromper por el dinero y la política, a pesar que tiene su posición política muy marcada. Él siempre ha tratado que esa posición no contamine su producción literaria. Para mí es uno de los grandes escritores que tiene el Perú. Es un escritor que en el extranjero necesita ser revalorado, que necesita ir como embajador de las letras peruanas en todas las ferias internacionales que haya, porque es uno de los grandes escritores vivos que quedan en el Perú, tanto él como Miguel Gutiérrez, que son los más conocidos, porque también soy admirador de Cronwell Jara, Gregorio Martínez. Pienso que ellos son los últimos grandes escritores que hay en este país.
- ¿Está de acuerdo con Oswaldo Reynoso cuando dice que el sistema está uniformalizando las temáticas de las novelas (pues no quiere que sean cuestionadoras) y el lector se ha convertido en un consumidor de ideas?
- Más que un consumidor de ideas, el escritor se está convirtiendo en un consumidor de frivolidades. Ciertamente, las novelas no son un género para discutir ideas, pero no me parece si se les trasmiten soterradamente detrás de una gran historia escrita con un gran estilo; lo podría aceptar. Pero hay novelas muy flojas y frívolas que se escriben últimamente y tienen mucha publicidad. Inmediatamente salen en las redes, se colocan en las televisoras y estos escritores son llevados con la plata de todos los peruanos a todas las ferias internacionales y sus novelas son muy malas o aburridas o en todo caso no tienen belleza o no califican como grandes novelas. Yo no recuerdo que a Miguel Gutiérrez, Gregorio Martínez o Cronwell Jara se los haya llevado a alguna feria últimamente. Pero hay novelas que son realmente intranscendentes, escritores que escriben por tener un rato de publicidad o quizás por satisfacer sus egos para que tengan ese rótulo de “escritor”, pero en realidad sus producciones literarias son muy pobres.
- ¿A qué cree que se deba esa nueva tendencia?
Siempre ha sido así. Ahora con la ventaja de las redes, alguien hace un comentario por Facebook e inmediatamente llama a todos sus amigos y tiene una resonancia por todos lados. Hemos llegado al colmo de la vanidad y la ligereza de que hay premios literarios a través de votos por internet y hasta llamadas telefónicas. Entonces ya no vale la novela como construcción, lo que uno escribe, lo que vale es tener una gran cantidad de amigos y que te recomienden. Hemos llegado a esos niveles. Ahora escriben un libro de 15 páginas que son un mamarracho y se llenan las redes de publicidad y son poetas, escritores, son todo. Ensayistas que no han leído un buen libro de crítica literaria, sin embargo comentan estupideces y al otro día son rebotados por todos sus amigos. Entonces, ya no hay grandes ensayistas en el Perú y los pocos que hay prefieren mantenerse ocultos, porque no quieren participar de esta fanfarria de vanaglorias y publicidades. Me parece que eso le está haciendo mucho daño a la literatura peruana, y sobre todo, cuando salen esos libros se presentan en las ferias del libro como escritores famosos del Perú. La gente de otros países lee su libros y se queda pensando que en nuestro país ya no se escriben libros buenos. Ahora ya no interesa si escribes bien o mal, lo que interesa es que seas buen publicista, que tengas buenos contactos y hacer buenos contratos con las editoriales. Por ejemplo, tuve la oportunidad de estar en la feria de Colombia, me tocó una charla y a la salida me invitaron unos periodistas a la radio Caracol, que tiene alcance nacional en ese país, y me preguntaron por los escritores que habían ido a presentar, ya que los colombianos no los conocían, a pesar que habían venido a representar al Perú y yo tampoco los conocía, solo a Oswaldo Reynoso y Oscar Colchado Lucio, pero a ellos nadie los hacían publicidad en el stand de Perú. Y había una avalancha de libros de chicos últimos que tenían o estaban por publicar un libro y me preguntaban por qué no habían traído libros de Vallejo, Eguren, Arguedas. Entonces eso nos da una idea de que los lectores de otros países no se tragan el cuento de que estos nuevos escritores que están saliendo representen verdaderamente al Perú y eso nos hace quedar muy mal.
Perfil:
Luis Fernando Cueto Chavarría nació el 9 de marzo de 1964 en Chimbote. Estudió la primaria en una escuela fiscal y la secundaria en el colegio Mundo Mejor. En 1982 ingresó a estudiar Derecho a la Universidad San Martín, en Lima. Se recibió de abogado en 1987. Ha publicado los poemarios Labra palabra (1997) y Raro oficio (1999) y las novelas Lancha varada (2004), Llora corazón (2006), Días de fuego (2009), Ese camino existe (2012), Los Chuchan Boys (2013) y El diluvio de Rosaura Albina (2014). El año 2011 ganó el Premio Copé Oro de Novela, con la obra Ese camino existe. Participa como conferencista en diversas universidades dentro y fuera del país como Mina Gerais (Brasil), Universidad de Chile, Swarthmore College (Pensilvania), University Of The Pacific (Stockton). Actualmente está preparando un libro de ensayo sobre la obra de Oswaldo Reynoso.